cuento la pelota azul

Libros y Publicaciones. Uno de los de atrás se agacha a recoger un canto. Poética de la euritmia(1) Eduardo Chicharro es conocido en la poesía española del siglo XX sobre todo por ser el creador del Postismo, movimiento estético-literario de vanguardia de posguerra. La pelota va a parar a las tablas de una carreta de bueyes junto a la que ha caído el beodo. Los guardias marchan corriendo en dirección opuesta. Luego, ráfagas de aire que la hacen oscilar. Entre los pies de los beligerantes, los cantos ruedan de un lado para otro con la pelota de goma. Un cura pasa también. Así es como la pelota entra de nuevo en el salón de actos. Los padres sabedores de lo peligroso que era, siempre les aconsejaban a sus hijos que no se bañaran en él, si no Hay funcionarios reunidos, guardias que interceptan el paso. STUDENT S BOOK AND WORKBOOK WITH KEY PACK, ENGLISH FILE C1.1 STUDENT S BOOK WITH WORKBOOK WITH ANSWERS (4TH EDITION), FORMACIÓN Y ORIENTACIÓN LABORAL 360º 2020, ENGLISH FILE 4TH EDITION A1/A2. También es inmenso el silencio, y es inmenso el campo alrededor de la pelota. Un chico, que va abrochándose los pantalones, corre a avisar al médico. STUDENT S BOOK AND WORKBOOK WITH KEY PACK, ENGLISH FILE 4TH EDITION A2/B1. No hay en ellos continente amenazador, se agrupan y mueven pausadamente, con ademanes torpes. Un perro se acerca a la pelota, la husmea y le da medio lengüetazo, después se orina en la puerta del edificio. El rojo de la lista central, de siete milímetros, era bermellón rabioso, un tanto ensombrecido por la referida pátina y los diversos contactos que acabamos de enumerar. Para hacerse una idea de la importancia de este movimiento bastaría recordar que, recientemente, el 16 de junio de 1999, la Fundación Duques de Soria de Barcelona dedicó una jornada al mismo, bajo la dirección de Pere Gimferrer, en el pabellón Mies van der Rohe, en la que se reunieron, entre otros: Camilo José Cela, Pilar Gómez Bedate, Paco Nieva, Jaume Pont, Joaquín Soler Serrano, Antonio Fernández Molina, Martínez Riquer y Ernst Lluch. Así permanecen algunos segundos, hasta que uno de los de delante hace un brusco quiebro con el cuerpo y golpea fuertemente el suelo con el pie, al tiempo de darse una palmada en el muslo, resoplando entre dientes como se hace para espantar a un perro. Suben al herido a casa del tabernero. Ahí queda. Los guardias forcejean por desasirse, los concejales, magistrados o lo que sea, responden a la agresión con lo que tienen a mano, sillas, tinteros, tijeras, cortapapeles. La pelota, que alguien ha arrancado al de la navaja, derriba con fuerte impulso el sombrero negro del personaje al golpearle brutalmente en la frente. Nadie parece impresionado y, en la plaza, junto a la pared, encuentran la pelota azul, tal y como la dejaron; no rajada, no tiznada, no salpicada de sangre, aunque sí húmeda de rocío… El reloj del Ayuntamiento da una hora. El personaje, que llevaba bastón, además de sombrero, desenvaina un estoque. Es la de un estudiante que en ese momento no sabemos si ha de habérselas con las diofánticas o con alguna rima rebelde, pues la hoja en que escribe se halla parcialmente cubierta de signos dispuestos en columna. ENVÍO GRATIS en 1 día desde 19€. En los periódicos se lee. En esto tropieza y cae. Se agacha y la toma en la mano maravillado, no menos que si hubiese caído en su aposento un albatros de los mares del sur. Sin saber por qué, se acuerda del primer hecho mágico de aquella noche: la pelota llovida de los cielos en su cuarto. 08-abr-2016 - LOS COLORES: EL AZUL - Aprende los colores con esta divertida Canción y Cuento Educativo para Niños. Uno ha encontrado la pelota. Entran. Guía Bibliográfica del Esoterismo. Sí, hasta hacerlo como un globo de tafetán o como un globo de fuego que empieza a dar botes por la carretera en sentido inverso al de la carreta, y a crecer, y a remontarse, de suerte que cada salto es más largo, más alto, y más lento, y el último la lleva sobre el pueblo aquel, donde atónitas las personas, las pocas que velan, observan el extraño meteoro de fuego que se cierne muy por encima de los tejados, aunque no tan alto como para podérsele confundir con la luna llena. En Madrid, Chicharro realiza una exposición en la Sala Marabini. Hasta el ruido de la carreta se perdió. Nadie sabe lo que fue. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web. Los personajes no pueden acudir, ya que se hallan malheridos o fuertemente contusos, impresentables. Una figura viene hacia ellos. Los demás ríen, canturrean, charlan, alborotan, fuman, escupen, pronuncian palabras soeces, dichos soeces, algunos lascivos, hablan de los balcones de mozas o señoritas que duermen en sus casas, hacen alusiones obscenas, les brillan los ojos. ¿Tú primera visita a esta página?. Ya no es una pelota, parece una cosa, un bulto. Es un tipo bien trajeado y de aspecto principal. Todos se callan, le miran. Pasan todos junto a la carreta. A Celestino le regalan aviones azules, duerme en una cama azul y juega al fútbol con pelotas azules. El hombre se defiende con bravura, pero le agobian, le desarman, le zarandean, le aporrean, le acogotan, le apalean cobardemente. En síntesis, algo semejante a como puede entreverse el cielo del atardecer si se mira a través de los párpados entornados. Después de recorrer un par de calles más, llegan a una taberna. Al siguiente día, se le hizo muy fácil volver a pegar para obtener la pelota. Sin embargo, cada día sus amigos querían jugar menos con ella, pues pegaba mucho. Ahora bien, el sitio adonde ha ido a parar la pelota es una plaza extensa, irregular, en la que desembocan cuatro calles desiguales, dos de ellas en ángulo agudo, y una quinta, cuesta abajo, empinada y escalonada. Hasta que el sentado, el de la navaja, se levanta y va a quitar la pelota a los otros mozos. Uno de ellos se lleva la pelota. Arranca el cuerpo del personaje a sus verdugos y lo deja caer al suelo. Los niños salen corriendo en su busca. Tenía en su círculo máximo una estrecha faja encarnada entre dos líneas blancas, las cuales, si bien ligeramente veladas por el repetido contacto con manos, suelo, paredes, troncos, hierbas, pelo de animales, rodillas, esputos, tomillo, sartenes, carbón y aleros de tejado, seguían siendo blancas. Los niños cuentan: son apenas las nueve de la mañana. Está desierta y silenciosa, y así sigue durante algún tiempo, hasta que dos hombres la cruzan. Allí está ardiendo el edificio de la pelea, los mozos le prendieron fuego. Ya lejos, en un tumbo, la pelota cae a la carretera. Todo se lo tragaron el cielo y la hora de la noche. Se lo cargan al hombro, le empujan hacia arriba. En sus dos casquetes ostentaba el mismo azul unido, tierno e intenso a un tiempo, pastoso, matizado por esa imponderable pátina que con el tiempo acaba por adquirir la pintura. Marca con una X las frases sobre lo que ocurre en el cuento. Juguetean: a empellones, puñadas, puntapiés. Ahora, inexplicablemente, se encuentra en la calle, en el empedrado sucio y sin acera. Gertrudis se puso muy triste al darse cuenta de que no querían jugar con ella. Su nombre, un mote y algunos calificativos, mezclados con palabras sentenciosas, se cruzan por lo bajo. Tampoco los niños han hallado su pelota. Un mozo se la salta, otro se sienta encima. Oye ruido y ve rodar la pelota. Efectivamente, a mediados de los años cuarenta, junto con Carlos Edmundo de Ory y Silvano Sernesi, lanzó uno de los grandes vanguardismos de aquel momento –otro sería Dau al Set-- que le sirvió para eternizar su nombre como agitador en los medios. Está cerrada. Algún mechero, alguna cerilla se enciende también periódicamente. Se oye sólo el silbido intermitente de los sapos y, de cuando en cuando, el de las ráfagas a través de los cardos secos. Su tamaño no era ni grande ni pequeño. Dirige por fin la vista a su alrededor intentando averiguar la causa de tamaño desastre. Además de alhajas, carteras, paraguas, niños, los hombres suelen perder a su mujer, a un amigo, una mula, la memoria y hasta su propia vivienda. Tal vez falta poco para que la aurora aparezca. El personaje se ha detenido, también los mozos. Pesaba más que regular, si se considera que estaba hueca, y su dureza era todavía suficiente para que, arrojada con fuerza contra el suelo, pudiese saltar hasta cinco o seis metros de altura. Descuentos en libros, últimos títulos publicados y mucho más. Recibe nuestras novedades en libros en tu email. Sube a la calle un grupo de gente. Luego, el de la navaja, que ya no la tiene en la mano, pero sí la pelota, dice: «Vamos pues», y todos se marchan apelotonados. STUDENT S BOOK AND WORKBOOK WITH KEY PACK, DIME QUE COMES Y TE DIRE QUE BACTERIAS TIENES, Libros recomendados por nuestros libreros. El estudiante apenas si hace el indispensable movimiento de separar las piernas para que la tinta no le gotee en los pantalones. Pasan dos curas más, dos o tres perros más, un potro, figuras que son bultos, que son envoltorios de ropas, una vaca, un pato, murciélagos, aves extrañas por los aires, una cosa negra, más ráfagas, algo como rodando aprisa. Se había casado en 1937 con la pintora Nanda Papiri, cuyos dibujos ilustraron revistas y catálogos vinculados con el Postismo. Durante unos días ha recibido impulsos, manotazos, golpes. Hay confusión. Sólo desde una ventana abierta a última hora, la de una cocina, no salen estentóreas voces ni lastimeros ayes. Llevan garrotes, piedras. Por último, dice el de la navaja «¡Hala!», y se aleja seguido de los demás calle adelante. La ni– a de la pelota azul estaba feliz con tantos autos. Ya no cantan. Estás leyendo un weblog, también llamado blog y bitácora. Va por el campo. Llega por fin el médico, entonces vuelven a enviar al chico, esta vez a casa del herido. Es de noche, la luz mortecina de un farol la hace apenas visible. Pero los mozos le cierran el paso. Se voltea el año 1944 cuando Chicharro conoce a Carlos Edmundo de Ory en el café Castilla y deciden fundar el Postismo en compañía del italiano Silvano Sernesi.Cuando el grupo se disuelve, Eduardo mantiene amistades cercanas al ismo, como Ory y Francisco Nieva, con los que seguirá colaborando. Parece una plaza de pueblo grande, pero no la principal. En la prisa y los apuros se le olvidó echarla al corral. Estudiante y guardia se retiraron, la escena queda silenciosa. Blog creado con Blogia. Lo que, en cambio no, es justo afirmar que se pierde, es aquello que tanto se oye decir: el tiempo. Poco más tarde se aproxima un hombre, el boyero, y la carreta echa a andar. (3) Pero, incluso esto me parece una cuestión relativa: lo más importante es que defiende una poética muy original, según se aprecia en sus manifiestos y poemas: la de la euritmia. Dentro nada tenía: ni pequeños guijarros, como otras de celuloide, llevan ni cascabeles, ni menos estopa, trapo, crines o serrín, aunque tampoco fuese rigurosamente exacto decir que no contuviese nada. Instala su estudio en el Pasaje de la Alhambra, lugar de reuniones en las que se discute, se recitan poemas y se dirigen las operaciones postistas en los años del movimiento. Piedras recorren trayectorias paralelas a la de la pelota. De suerte que la pelota, que no estaba limpia, ya que no era nueva de tienda, que no estaba sucia, ya que ni manchas ni pegotes tenía encima, brillaba como nueva merced a la atinada distribución de sus colores. Va a marcharse ya cuando uno de los mozos, viendo la pelota en la mesa, se la entrega y le dice que la tire al corral de su casa, la del mozo, para que al día siguiente la encuentren los chavalines. Eso es suficiente para justificar una nueva edición de uno de sus libros y aventurarse con un nuevo enfoque sobre su obra. Guardia y estudiante se contemplan, preguntándose si hay algo de común entre ellos. La pelota azul -Cuento de Eduardo Chicharro– Era una pelota azul, aunque no totalmente. ], La pelota azul -Cuento de Eduardo Chicharro–, A la mar fui por naranjas -noticias literarias-, Blog sobre el libro Los caníbales de Iván Humanes, Antología poética de Raúl Herrero El mayor evento (1991-2000), Blog dedicado a Antonio Fernández Molina, Entrevista a Raúl Herrero 10º aniversario Libros del Innombrable. Unas de las enfermedades más difíciles de afrontar para los padres, es el cáncer en los niños.Se trata de un tema delicado y sensible que muchas veces, no sabemos cómo abordarlo con los niños ¿Cómo le explico a mi hijo que tiene cáncer? De los demás habitantes, nadie se atreve a moverse. En un momento todo el poblado despierta y se asoma a ventanas, puertas, escotillas o tragaluces, lleno de espanto, de curiosidad, de asombro, y prorrumpe en inmenso alarido que pronto se trueca en clamor dentro del tumulto general. Llega a la calle entre los pies de unos y otros. Hace aire, un aire húmedo, frío. Al cabo de cierto tiempo el fuego puede ser reducido, pero corre la voz de que otro edificio arde al lado opuesto del pueblo y que fueron los mozos los incendiarios…. El de la navaja lleva el estoque. Así en muchos de sus escritos Eduardo Chic, Copyright © 2020 Casa del Libro. Sin embargo, cada día sus amigos querían jugar menos con ella, pues pegaba mucho. A mi manera de ver, como he dicho otras veces, Chicharro pertenece a la línea castellana del Postismo, dominada por la visión espacial, lo pictórico y lo mágico, frente a la andaluza, representada por Ory, básicamente sonora y onírica. En la plaza de la fuente no se ha encontrado nada, si es que el bólido ha caído allí. Descubre la pelota. ENVÍO GRATIS en 1 día desde 19€. Estaba llena de aire comprimido, y de olor a goma. LA PELOTA AZUL - Una ciudad se llena con tantos autos, que sus calles deben ser ensanchadas y sus parques transformados en estacionamientos.

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